El sonido intruso

El martes pasado asistí a una charla en Barcelona en la que habría una audiencia de unas 300 personas. No pocas veces, inoportunos y fastidiosos silbidos Samsung sabotearon la sesión atacando sin piedad desde flancos distintos. Quién haya salido alguna vez de casa durante los últimos cinco años, no habrá necesitado pinchar al link anterior para saber de qué silbido estoy hablando; escriban en Google ‘hate Samsung whistle’ y si tener que convivir con este silbido les estropea un poco el día, verán que no están solos.

Según explica la propia Samsung, antes de crear el omnipresente silbido hizo un estudio de mercado y sondeó a 900 usuarios en Estados Unidos y Europa, obteniendo una lista palabras positivas asociadas a su marca (“innovador”, “amigable” y “de confianza“). Encargó entonces a su diseñador sonoro Joongsam Yun que “transformara esas palabras en sonido”.

Algunas empresas ¡y personas! pueden dañar sus propias marcas con sonidos que de manera puntual resultan simpáticos y divertidos pero que si se popularizan, llegan a convertirse en molestos e irritantes.

El sonido importa. Las marcas deben ser muy cuidadosas en la gestión de sus sistemas sonoros y el profesional del audio branding debe velar por que sus soluciones sean pertinentes, adecuadas y ajustadas al contexto de cada punto de contacto. También deben testarlas continuamente; lo que en un primer momento resulta innovador y amigable, unos millones de momentos más tarde ya no lo es tanto. La sobreexposición a un mismo sonido o a ciertas canciones en bucle suele exasperar a las personas en un espacio de trabajo y alteran el estado de ánimo general, afectando a la calidad del trabajo, al servicio prestado y por si no fuera poco, a las ventas.

Samsung le ha hecho un gran favor al mundo y ya ha dejado de instalar el silbido en sus teléfonos. De todos modos, hasta que se sustituyan todas las terminales anteriores al Galaxy S6, ese sonido seguirá formando parte de nuestras vidas.

 

 

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1 Comment

  1. En mi opinión no es tanto el tipo de silbido como la irritante manía de no controlar el sonido del móvil, ni siquiera en el teatro o en una conferencia. Yo he silenciado en el mío todo tipo de aviso, la vibración es más que suficiente.

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